Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos la geopolítica internacional presenta grandes cambios y desafíos por las medidas que en sus primeros cien días ha puesto en marcha. En la guerra ruso-ucraniana el giro es de ciento ochenta grados como ya lo había anunciado en la campaña electoral. El rifirrafe entre Trump, Vance su vicepresidente y Zelensky, el derrotado y débil presidente de Ucrania de este viernes 28 de febrero en el salón oval de la Casa Blanca, siguieron anuncios y medidas que buscan y en lo fundamental ya lo ha logrado Trump con la carta que Zelensky envió a Trump disculpándose y poniéndose “bajo su fuerte liderazgo”, no solo llegar a un alto al fuego entre Rusia y Ucrania sino reconocer la derrota militar infligida por las fuerzas militares rusas a Ucrania. Y este es un punto realista para las negociaciones que dejarán bajo mandato ruso las provincias ucranianas rusoparlantes del Donbas y las partes de los Oblast de Odesa y Zaporiyia. Una derrota ya reconocida por Trump para llegar a una paz negociada.
Quienes salen derrotados con este giro de la política norteamericana son en primer lugar los guerreristas demócratas de los Estados Unidos, los gobiernos de la Unión Europea e Inglaterra firmes partidarios de la guerra contra Rusia y la OTAN pues como lo dijo en su momento de manera cínica el hoy expresidente guerrerista Biden, la guerra se inició por la pretensión de la OTAN de seguir rodeando a Rusia militarmente.
No hay que olvidar que el origen de esta guerra que jamás debió ocurrir fue la violación de los acuerdos que en su momento suscribieron Gorbachov en nombre de la Federación Rusa ante la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, en 1989 y los Estados Unidos y demás potencias occidentales consistente en que los Estados limítrofes y próximos a Rusia mantendrían su neutralidad y no se establecerían allí bases militares o el ingreso de estos Estados a la OTAN pues esto sería considerado por Rusia como una agresión a su soberanía. Estos acuerdos nunca se suscribieron, fueron de palabra. Pues bien, esto no se cumplió y la OTAN se fue expandiendo y cercando cada vez más a Rusia. Por ello en 2014 se firmó el tratado de Minsk para poner fin a la violencia en las provincias del Donbas donde fuerzas nazistas de Ucrania sometieron a una verdadera carnicería a los pueblos de habla rusa que pueblan estas provincias.
Rusia durante largos años después del incumplimiento de los acuerdos de este tratado insistió en su exigencia que Ucrania permaneciera neutral, pero esto no ocurrió ni la violencia tampoco ceso contra la población de estas provincias que son como ya se indicó rusohablantes. La expansión de la OTAN siguió su curso y explotó con un Zelensky envalentonado por occidente y por los Estados Unidos pidiendo ingreso a la Unión Europea y a la OTAN. Esa fue la motivación de la invasión rusa a Ucrania desde febrero del año 2022.
El desarrollo de la guerra deja aproximadamente un 20% del territorio de Ucrania en manos rusas quien ha ganado la confrontación militar. Sin el apoyo norteamericano Ucrania no tiene condiciones ni militares ni económicas para detener el avance ruso, Trump lo sabe y por eso acelera las medidas como el anuncio de suspender el apoyo en inteligencia que significa el 30% de estas capacidades de Ucrania, anuncia la suspensión de los apoyos económicos y propone leoninamente que se exploten conjuntamente las tierras raras que son indispensables para la industria de micro chips y de Inteligencia Artificial así como para dispositivos militares de última generación.
Pierde Ucrania no solo territorio sino soberanía en el manejo de sus recursos naturales. Una lección ejemplar para los aliados incondicionales del Imperio Norteamericano. Como señaló en su momento Kissinger: Estados Unidos no tiene ideales ni los defiende solo tiene intereses. La caída del desastroso gobierno de Zelensky es cuestión de meses. La otra víctima de esta desastrosa política es la Unión Europea y la OTAN. La Unión Europea por carecer de una política internacional independiente y por confiar su seguridad a la égida norteamericana al seguir fielmente y sin ninguna contraprestación real la política internacional de los Estados Unidos. Se hunde la economía alemana dependiente del gas ruso barato y toda la política de seguridad en manos de la OTAN que Trump amenaza desmantelar. A ello hay que agregar la desastrosa política frente a China que es su principal socio comercial frente a la cual sigue los lineamientos de confrontación de la política que mantienen los Estados Unidos ahora profundizados con la imposición de otro 10% de aranceles a las importaciones de Estados Unidos del gigante asiático con lo cual estos aranceles llegan al 20%.
Se produce así un cambio profundo de la geopolítica mundial. La Unión Europea también derrotada ahora se propone ingresar a la carrera armamentística anunciando una inversión de 800 mil millones de euros, en los próximos diez años, para garantizar su soberanía en materia de defensa a costa de los programas sociales. Un verdadero desmantelamiento del Estado Social. En una paradoja histórica las fuerzas democrático liberales de Europa representadas por los socialcristianos, la socialdemocracia y los Verdes apoyan la guerra y las Fuerzas de la extrema derecha como por ejemplo la AFD, Alternativa para Alemania, pronazi, reivindican la paz y el fin de la guerra y apoyan a Trump. Un verdadero desastre.
Si la terminación de la guerra de Ucrania es en sí misma positiva no ocurre lo mismo con la genocida intervención de Israel en Palestina. Allí Trump mantiene su apoyo militar, económico y político al genocida régimen de Netanyahu que ha llevado al asesinato de cerca de 45 mil palestinos. Obsceno proyecto de construir balnearios y resorts en el territorio palestino es el proyecto de Trump.
Pero el otro factor que ha propiciado la llegada de Trump al gobierno es la llamada guerra comercial. Mediante ordenes ejecutivas Trump ha impuesto finalmente un arancel de 25% a las importaciones procedentes de México y de Canadá. Estas medidas como muestra la patrasiada en el impuesto a los vehículos que se aplazó durante 30 días mientras se evalúan los impactos de la misma tras una reunión con los empresarios de la industria automovilística de los Estados Unidos, muestra hasta donde la improvisación es la moneda corriente de los anuncios y de las ordenes ejecutivas adoptadas por Trump. A última hora en medio de esta improvisación después de un dialogo con la presidenta de México Claudia Sheinbaum se anunció este jueves 6 de marzo que todos los productos incluidos en el TLC México Estados Unidos estarán excluidos del aumento de los aranceles del 25% hasta el próximo dos de abril. No se sabe si igual ocurra con Canadá que ha confrontado a Trump con la imposición de aranceles del 25% a las importaciones de los productos norteamericanos. También se han aplazado los aranceles a las importaciones de productos agrícolas y alimenticios. Con estas medias, así como con el incremento del 10% a los productos importados desde China busca Trump favorecer la reindustrialización forzada de los Estados Unidos. Una industrialización que tiene como motor la sustitución de importaciones ante la evidente desindustrialización que sobrevino a la hegemonía del globalismo neoliberal tanto de gobiernos republicanos como demócratas. Busca Trump obligar a las multinacionales a invertir en capacidad instalada en suelo norteamericano. Algunas multinacionales ya han anunciado inversiones en esa dirección.
Varios problemas enfrentan dichas políticas de industrialización forzada, una de ellas y que es muy importante la falta de técnicos y de mano de obra calificada, es decir, Estados Unidos carece de recursos humanos para estas industrias pues la formación de este recurso fue abandonada por los centros académicos hace décadas. La otra es que se requiere la construcción de infraestructura que ya no existe y esto tardará un tiempo, así como se enfrenta a los crecientes costos de la producción de estos bienes. Ya veremos que resultados se producen en el corto plazo y si las tendencias inflacionistas dan al traste con este programa improvisado que no es que vaya en la dirección equivocada, sino que tendría que ser producto de un plan de reindustrialización que no existe. Las marchas atrás en materia agrícola y de la industria automotriz, así como el aplazamiento hasta abril del arancel a los productos mexicanos, son pruebas de la improvisación del gobierno de Trump.
Lo que es claro y evidente es que Trump pretende con estas decisiones detener o al menos palear el declive y la crisis del imperio agobiado por un creciente e insostenible déficit fiscal, la pérdida del liderazgo en las industrias de punta frente a China, la pérdida del patrón dólar como moneda universal cada vez más debilitado y el surgimiento de un mundo multipolar al cual Trump se niega a reconocer y por el contrario como todos los imperios en decadencia quiere mantener a cualquier costo. La amenaza, el chantaje, la decisiones unilaterales y el desconocimiento de las reglas internacionales que regían el mundo son la respuesta de Trump: el retiro de la Organización Mundial de la Salud, OMS, el retiro del Acuerdo Climático de Paris, las sanciones contra los fiscales y magistrados de la Corte Penal Internacional, CPI, por las ordenes de detención contra Benjamín Netanyahu primer ministro del régimen genocida de Israel, minimizar el papel de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, y el retiro de su Comité de Derechos Humanos, todo ello es el desesperado intento por mantener mediante la amenaza del uso de la fuerza y el chantaje el predominio imperial de los Estados Unidos. El aislamiento internacional de Estados Unidos será el resultado de todas estas políticas antidemocráticas.
Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur
Foto tomada de: France 24
Información tomada de sur.org.co